Un año con el Papa León XIV

El 8 de mayo de 2025, León XIV inició un pontificado marcado por una palabra insistente: paz. Desde su primera bendición Urbi et Orbi, pidió “una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”, y colocó ese llamado en el centro de su misión. Un año después, su figura aparece asociada a una diplomacia moral que incomoda a los poderosos y sostiene a las víctimas de la guerra.

Su primer año también ha mostrado continuidad con el legado de Francisco. León XIV ha mantenido la promoción de la sinodalidad, de la fraternidad universal, la opción por los pobres y la lucha contra los abusos como ejes visibles de su agenda.

¿Qué marca su primer año?

León XIV ha insistido en que la paz no es una abstracción. En distintas intervenciones ha pedido detener guerras que, según dijo, deben afrontarse con decisiones responsables. También convocó una vigilia de oración por la paz en San Pedro, gesto que buscó unir liturgia y mensaje público.

Su perfil como artesano de la paz surge de esa constancia. No se limita a condenar la violencia. También busca nombrar las raíces de los conflictos y recordar que la dignidad humana está antes que cualquier cálculo geopolítico. En ese marco, su voz se ha vuelto especialmente visible frente a las guerras de Ucrania, Medio Oriente y otras crisis internacionales.

La elección de ese estilo no parece casual. León XIV subraya que la misión de la Iglesia exige cercanía, diálogo y responsabilidad social. Por eso su primer año ha estado atravesado por gestos simbólicos, pero también por mensajes directos a gobiernos, obispos y comunidades.

El peso de su voz

Es el primer papa estadounidense y también el primer peruano; un pontífice con sensibilidad latinoamericana. Eso le permite hablar tanto a la Iglesia universal como a regiones donde la pobreza, la migración y la desigualdad siguen siendo heridas abiertas.

También ha reforzado el tono profético en temas de guerra y exclusión. León XIV afirmó en febrero que la paz en Ucrania “no puede ser pospuesta”. Esa frase resume su manera de intervenir: no deja la paz para un futuro abstracto, sino que la presenta como una urgencia ética inmediata.

En paralelo, ha sostenido una relación exigente con el poder. Tras las críticas del presidente Donald Trump, respondió defendiendo que su tarea es anunciar el Evangelio y sostener el mensaje de paz. Esa tensión muestra un pontificado dispuesto a hablar claro, aunque eso incomode a actores políticos influyentes.

¿Qué señales dejó en África?

El continente africano ha sido una de las plataformas más simbólicas de su pontificado. En sus intervenciones en África, León XIV insistió en que la paz se acoge y se vive, no se impone. Desde allí también denunció el impacto de la corrupción, el extractivismo y los conflictos sobre poblaciones vulnerables.

Ese enfoque no solo tiene valor pastoral. También encaja con una lectura social del Evangelio. Cuando el papa denuncia estructuras que excluyen, conecta la fe con la realidad material de pueblos empobrecidos. Ese punto resulta central, ya que coloca a los pobres en el centro de la agenda moral.

La elección de África como escenario de mensajes fuertes también tiene una carga simbólica. Allí, el papa habló de puentes con el Islam, con la tradición de san Agustín y con una Iglesia en crecimiento. Esa mirada amplía el alcance de su propuesta y la saca de una lógica puramente europea.

¿Cómo se lee su estilo hoy?

León XIV no aparece como un líder de gestos bruscos. Más bien actúa con una cadencia paciente, pero firme. Su estilo combina lenguaje espiritual, argumentos morales y señales diplomáticas. Por eso suele ser leído como un papa de continuidad, aunque con acentos propios.

Su primer año demuestra que la paz no ha sido un tema decorativo. Ha sido una línea estructurante. Y en un mundo atravesado por guerras, polarización y temor, esa insistencia ofrece una brújula ética para creyentes y no creyentes.

También ha dejado claro que la paz no se reduce a la ausencia de guerra. Implica justicia, escucha y reconocimiento del otro. Esa es la razón por la que su mensaje interesa más allá del ámbito religioso.

¿Qué queda por delante?

El segundo año de León XIV probablemente estará marcado por una pregunta central: ¿cómo traducir la palabra paz en mediaciones concretas? Su primer año mostró que no quiere ser un papa silencioso ante la guerra. Ahora el desafío será sostener esa línea sin perder capacidad de diálogo.

Para las periferias del mundo, su mensaje ya dejó una señal clara. La paz, para León XIV, no es un eslogan. Es una tarea paciente, espiritual y pública. Y, en esa tarea, la Iglesia está llamada a acompañar a los que más sufren.

Texto escrito en colaboración con Leon Lucar Oba, politólogo PUCP y miembro del Equipo de Reflexión Política del IBC.

Revisa el artículo completa en la Revista Signos

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Autor

Franklin Alexi Perez Rojas
Franklin Alexi Perez Rojas
Ingeniero de sistemas colegiado y egresado de maestria en Gestion de las Tecnologias, con mas de 11 años de experiencia y proyectos de TI.
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